🌙 Cuando el cansancio se convierte en culpa
Te voy a contar algo sin filtros
🌙 Cuando el cansancio se convierte en culpa
Te voy a contar algo sin filtros
Yo también tuve un hijo que dormía fatal.
Durante meses creí que lo estaba haciendo mal.
Probé rutinas, leí libros, escuché consejos…Horas en brazos, noches eternas, despertares infinitos, paseos por el pasillo… y una cabeza que ya no daba para más.
Hoy, con dos hijos —uno que dormía fatal y otra pegada a la teta—sé que no existe una fórmula universal.
Lo que sí existe es presencia, comprensión y el acompañamiento real.
Soy Esther
Mamá de Eziel y Arya
Antes de acompañar a otras familias, también contraté una asesora de sueño, leí libros, seguí teorías… y nada funcionaba.
Llegó un momento en el que me preguntaba qué estaba haciendo mal.
Sentía que ser madre debía venir con un manual que yo no había recibido.
Durante meses, las noches fueron una batalla silenciosa.
Mi hijo tenía un sueño ligero, interrumpido, y las horas parecían no tener fin
🍼 Cuando todos los bebés duermen… menos el tuyo
Recuerdo esos días en los que debía dormir a mi bebé fuera de casa.
Me sentía observada, juzgada, intentando mecerlo durante horas sin entender por qué no podía calmarlo.
“Si soy su madre, ¿por qué no puedo?”, pensaba.
A veces, cuando otros tampoco conseguían dormirlo, sentía alivio: al menos alguien entendía lo difícil que era.
Cuando nos reuníamos con otras mamás, todas hablábamos de lo mismo: el sueño, las noches sin fin...
Ellas se quejaban de que sus peques dormían poco… mientras yo miraba cómo sus bebés se quedaban dormidos en diez o veinte minutos, y luego disfrutaban de siestas de tres horas.
Decían entre risas: “Nos han salido poco dormilones”,y yo, meciendo a mi bebé, las observaba comer tranquilas mientras el mío se retorcía en mis brazos sin querer dormir.
En esos momentos pensaba que quizá me quejaba demasiado, o que simplemente no sabía hacerlo bien.
Pero no era un día puntual, ni una coincidencia.
Daba igual el lugar, el ruido o la hora… los demás bebés dormían en sus carritos como si nada.El mío no quería cochecito, ni brazos quietos, ni pausas.
Mientras ellas comían tranquilas, yo seguía de pie, agotada, preguntándome:
¿Por qué yo no puedo? ¿Qué estoy haciendo mal?
El humor de mi marido y mio nos cambiaba y nos inundaba la frustración llegando a no hacer equipo entre nosotros por la desesperación del cansancio.Pero eso me hacia seguir buscando respuestas a pesar de lo que los pediatras me dijeran y me recomendaran, a pesar de la asesora de sueño que contrate y no me sentí acompañada si no juzgada. Una y otra vez, yo misma me repetía que no haría lo que me decían ,mi intuición de madre no me lo permitía.
😔 Cuando la comparación duele
No os voy a engañar: sentía envidia sana, pero también impotencia.
Si lograba dormirle, se despertaba a la media hora.
No buscaba lástima, solo comprensión.
Una palmadita en la espalda.
Pero no la hubo.
Y lo peor no era el cansancio… era la culpa.
La sensación de no saber ser madre
🔍 Buscando respuestas
Llegó un punto en el que el cansancio y la culpa se mezclaban.
No entendíamos por qué nuestro bebé no dormía como los demás, por qué nos costaba tanto.
Llegamos a pensar que había un problema .Acudimos a varias opiniones diferentes, incluso neurólogos infantiles, hicimos pruebas médicas, buscamos respuestas y había muchas cosas que teníamos en contra para que Eziel durmiera bien, como reflujo severo entre otras.
Pero no solo el era la causa de que no durmiera bien...
Empecé a formarme y entendí que el sueño no se trata solo del bebé, sino de todo su entorno: su nacimiento, nuestra energía familiar, nuestras expectativas
🌸 El día que volví a creer en mí
Y, sin embargo, antes de ser madre, había tenido experiencias que me hacían dudar aún más de mi “incapacidad”.
Porque antes de tener a mi hijo, yo sí había dormido a otros bebés.
Recuerdo perfectamente aquella tarde en la que cuidaba a mis dos sobrinas.
Tenían pocos meses de diferencia, y me quedé sola con las dos.
Una lloraba, la otra ya mostraba señales de sueño.
Les canté bajito, las acuné una a una, sin prisa.
Notaba como sus cuerpecitos se relajaban, como el ritmo de su respiración se volvía lento… y en apenas diez minutos, las dos estaban dormidas.
Volví a sentir esa emoción profunda al dormir a mi sobrina de parte de mi marido, que apenas se lleva 5 meses con mi bebe—ver cómo mostraba sus señales de sueño, acunarla despacio y ver cerrar sus ojitos, tranquila, en mis brazos y que en tan poco tiempo estuviera dormida—
Respiré hondo y la observé.
Sentí algo dentro de mí encenderse.
Era como si el universo me susurrara:
“¿Ves? Sí puedes.”
Ese momento fue un pequeño despertar.
Me di cuenta de que sí podía, que no era incapaz… solo necesitaba comprender el sueño desde otro lugar.
Simplemente, mi bebé necesitaba otra forma de acompañamiento, y yo aún no la conocía.
Esa certeza interna de que el amor, la calma y la conexión valen más que cualquier método.
🤱 Cuando llegó su hermana
Luego llegó Arya, que decidió que el mejor sitio para dormir era pegada a la teta, buscando calor y presencia.
Y entendí, por fin, que no se trata de enseñarles a dormir, sino de acompañarlos a descansar.
Solté la obsesión por hacerlo “bien” y empecé a hacerlo con amor, con sentido común, con respeto… con humanidad.
Ellos han sido la aventura mas bonita y difícil de mi vida.Son la razón de que me haya convertido en asesora de sueño infantil y crianza.
🌾 De la semilla al despertar
Así nació este espacio.
No vengo solo de la teoría, vengo de la experiencia: de noches sin dormir, de lágrimas, de dudas, pero también de conexión, paciencia y comprensión.
Nació de esa mezcla del agotamiento, del amor y del deseo profundo de acompañar a otras familias que, como yo, alguna vez se sintieron juzgadas, solas, agotadas, frustradas o culpables.
Porque el sueño infantil no es un problema que haya que resolver, sino un proceso que podemos aprender a acompañar con amor, presencia y respeto.
Acompañar el sueño de un hijo no va de técnicas perfectas, sino de presencia, paciencia y vínculo.
🌕 Mi propósito hoy
Hoy miro atrás y agradezco cada desvelo, porque fueron ellos los que me llevaron a querer entender el cerebro del niño, su evolución y su manera única de descansar.Aprendí que cada bebé tiene su propio ritmo, y que el descanso real llega cuando dejamos de luchar contra lo natural y empezamos a fluir con él.
Por eso creé este espacio: para acompañarte sin juicios, desde el lugar más real que existe — el de una mamá que también estuvo ahí.
Hoy acompaño a otras madres sin manuales imposibles ni promesas vacías.
Porque ya hay suficiente culpa ahí fuera.
Lo que hace falta es alguien que te mire a los ojos y te diga:
“No estás sola. Vamos a buscar tu forma.”